No fue un camino fácil, pero es el mío. Empecé a trabajar con 16 años repartiendo pizzas mientras estudiaba Automoción, porque cuando quieres algo, encuentras el tiempo. Después vinieron la obra, el montaje de pasarelas para aeropuertos de medio mundo, y también me atreví a emprender con tiendas online — gané algunas veces, perdí otras, pero cada tropiezo me enseñó más que cualquier curso. Porque el que no se arriesga, no aprende de verdad.
Pasé por una fábrica hasta que por fin encontré lo que realmente quería hacer: esto. Tengo 20 años y pocos meses en el sector inmobiliario, pero cada trabajo, cada madrugón y cada «no» que me dijeron por el camino me trajeron hasta aquí. Porque no se trata de dónde empiezas, sino de hasta dónde estás dispuesto a llegar.
Hoy pongo todo ese recorrido sobre la mesa por ti: esfuerzo, cercanía y ganas de ganarme tu confianza, no de convencerte con palabras.